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miércoles, 6 de octubre de 2010

Bromas aparte

 
 Agustín Jiménez, Josema Yuste, Félix Alvarez 'Felisuco"
 Nota: este blog ha sido trasladado de WordPress a Blogger.

por Ana Alejandre

La obra que se está representando en Madrid, en el teatro Infanta Isabel, titulada "La cena de los idiotas",  de Francisc Veber, interpretada con esmero por un trío de actores como son Josema Yuste, Agustín Jiménez Félix Alvarez 'Felisuco",  trata. en síntesis, de la invitación a una cena por parte de gente "lista" a quienes consideran que es tonto o inocente, para reírse de él, y de ahí surge la reflexión del autor sobre la sociedad en la que vivimos.

 
Esta obra trae a colación un problema que en España, hasta hace poco tiempo, se consideraba algo sin importancia por eso de la tendencia española a reirse del prójimo "inocentemente", según los bromistas afirman, pero la inocencia solo es cierta en quien la recibe y no en quien o quienes gastan la broma/putada que define realmente a sus autores.


España es un país muy dado a la proliferación de las bromas, aunque muchas veces son llamadas así acciones que constituyen auténticas canalladas por la forma y el contenido de la misma, ya que toda broma debe reunir los tres requisitos y las tres características que la define y que son imprescindibles para que pueda calificarse como tal. Empezando por los requisitos son los siguientes y necesarios en los supuestos bromistas:

1º) Sentido del humor.

2º Buena fe, es decir, deseo de no hacer daño físico o moral al embromado.

3º) Inteligencia para que la broma sea ingeniosa y no una patochada de mal gusto.

4º) Respeto al destinatario de la broma para no pasarse de ciertos límites que son inaceptables, temiendo en cuenta su edad, sexo, circunstancias personales y demás elementos que confluyen en una determinada persona.

En cuanto, a la broma en sí, debe reunir estas características:

1º) La broma se debe dar directamente por el/los bromistas al embromado, o si se hace a través de otros, debe el bromista inductor que permanece en la sombra dar la cara inmediatamente.

2º) Debe durar un tiempo mínimo, sin alargarlo innecesariamente, porque perdería la cualidad de broma para pasar a ser una vileza.

3º) El /los bromistas inmediatamente deben aclarar que el hecho en sí ha sido una broma y no dejar a la víctima de la misma con la sensación de humillación y desconcierto.

4ª) Se tienen que reír tanto el que da la broma como el que la recibe. Cuando la risa es unilateral, estamos hablando de una canallada, pero no de una broma.

Son famosas las llamadas "novatadas" que se han dado desde tiempo secular tanto en colegios mayores, residencias estudiantiles, cuarteles, etc., y que debido a la dureza, crueldad y humillación que han sudrido sus víctimas, han tenido que prohibirse bajo fuertes sanciones, debido a las graves consecuencias físicas y psíquicas que han sufrido los destinatarios de semejantes salvajadas.

Por eso de la afición a las bromas que, paradójicamente, las gastan siempre quien menos las soportaría a su vez y elige como destinatarios a quienes no las gastan nunca y menos de forma anónima, por eso de que son considerados “inocentes”, proliferan en la radio, televisión e internet, sobre todo en este último medio, porque presuponen los supuestos bromistas que el anonimato que da la red hace la broma más “graciosa”, pensando que la red le dará al hecho en sí la gracia y el ingenio que no tienen los supuestos bromistas.

Por ello, y en relación a las bromas radiofónicas, muchas veces se escucha a través de las ondas las palabras indignadas o disgustadas de los destinatarios de tales acciones que se pueden llamar auténticas putadas, mientras creen que todo es verdad y no producto de una supuesta "broma", que es la calificación benévola de los autores de tales cabronadas que demuestran que no tienen sentido del humor, pero si muy poca vergüenza. Sólo, después cuando les advierten que toda ha sido una “broma”, los receptores de la misma no saben si pegar bofetadas, ciscarse en la madre de ese pariente, amigo, conocido, o compañero que es el inductor de la broma radiofónica, televisiva o vía internet, o mandarle a paseo con cajas destempladas, porque con tener amigos o compañeros así, ya no son necesarios los enemigos porque aquellos cumplen a la perfección dicho papel.

También, en internet se pueden encontrar videos grabados con simples móviles en los que aparecen personas vejadas, insultadas, apaleadas y recibiendo toda clase de abusos físicos y psíquicos y, lo peor, es que los malnacidos que realizan esa clase de “proezas” lo van diciendo a sus amigos y conocidos, jactándose de ello, para que todos se burlen, a su vez, de la víctima de tales abusos que sólo tiene dos opciones: la denuncia y exigir responsabilidades, o partirle la cara a los cobardes, auto titulados “bromistas” que sólo cuando son descubiertos, les entra el miedo a las posibles consecuencias, pero nunca les da vergüenza cometer tales vilezas, porque han demostrado a las claras que no la tienen. Aquí se podría utilizar el dicho de que “tienen mucho miedo y muy poca vergüenza”.

Además, en internet se pueden encontrar otras variantes, igualmente indeseables, a través de los correos electrónicos con mensajes burlones, llamadas vía internet, utilización del nombre de otra persona para enviar dichos mensajes, subir videos a internet que sean ridículos, vejatorios, humillantes, etc, para la persona de la que han utilizado su nombre o similar, a fin de crear confusión.

Existe otra modalidad de supuestas bromas, en la que se utiliza el teléfono para acosar, irritar, preocupar o amedrentar al receptor de las llamadas repetidas y que ignora quién o por qué le llaman. Suelen ser de varios tipos: llamadas continuas “equivocadas”, llamadas que cuelgan al ser respondidas, llamadas con música, con palabras malsonantes, injuriosas, amenazantes y un largo etcétera. El teléfono, por la posibilidad que dan los móviles de poder quitar la visibilidad del número llamante a voluntad, se convierte así en un aliado de los aficionados a cabrear al personal.

Naturalmente, el llamante procura, para gastar la supuesta "broma" por teléfono, hacerlo con el sistema antes mencionado o desde teléfonos públicos, aunque también, para no tener problemas de posibles denuncias y que sean voces distintas, le encarga a familias y conocidos –igualmente impresentables que aceptan dichos encargos con la coletilla de ser una broma, o con la excusa de que está recibiendo llamadas a su vez de quien va a ser acosado vía telefónica, para conseguir aliados y el silencio de todos los que participan en la vileza que llevan a cabo- que llamen sólo una vez desde cada teléfono para que no puedan ser denunciados porque “una equivocación la sufre cualquiera” Ignoran estos indeseables que las compañías telefónicas, incluidas la de telefonía móvil, tienen obligación de guardar los datos de las llamadas de cada número de teléfono fijo o móvil durante  un año, por lo que, puesta la denuncia correspondiente, se pueden rastrear las llamadas recibidas por el denunciante y, a partir de ahí, seguir la pista y llegar hasta los culpables.

La lista de posibles métodos de bromas es infinita, pero cuando la acción la lleva a cabo un grupo de personas relacionadas entre sí y dirigida a un tercero (siempre el receptor de la canallada es uno solo, porque la unión hace la fuerza y podría llegar a ser peligroso elegir a varias víctimas al mismo tiempo), la supuesta broma adquiere visos de auténtica indecencia, aunque en una sociedad indecente como la que sufrimos, todo está permitido para conseguir determinados fines, aunque éstos sean despreciables: ridiculizar al destinatario de la broma, humillarlo, acusarlo a su vez de ser el autor de acciones con las que no tiene ninguna relación o son inexistentes, provocarlo para que reaccione a su vez y responda de idéntica o similar manera; acosarlo, chantajearlo o extorsionarlo, cuestiones éstas que cada vez se denuncian más, incluso por famosos, en los medios de comunicación.

Naturalmente de estas situaciones siempre hay alguien que saca provecho, aunque permanece en la sombra sin implicarse directamente, porque el inductor de este tipo de vilezas siempre permanece oculto y utiliza a otros más tontos o manipulables para llevarlas a cabo, a los que desprecia en el fondo pero a los que utiliza, además de que a cualquiera de ellos le incita a hacerse pasar por “amigo y confidente” de quien recibe la afrenta -cuando no lo hace el propio inductor si sabe que el destinatario de dichas acciones no sospecha de su autoría- para que le cuente lo que piensa de lo que le sucede, de quién sospecha y así poder multiplicar la fuente de jolgorio de el/los malnacidos de turno. Ya decía Shakespeare que “al enemigo, por mucho que quiera ocultarlo, siempre se le reconoce en la boca”, es decir, cada embromado debe sospechar de quien se muestra muy solícito de pronto y se preocupa por su bienestar, lo que no ha hecho nunca antes, para así recibir sus confidencias y transmitirlas a los que actúan “de broma”.

Todo estos métodos "bromísticos" parecen ser las nuevas modalidades, mucho más peligrosas y dañinas, del juego de “la gallinita ciega” en la que todos tocan a quien tiene los ojos vendados y éste tiene que averiguar quién ha sido. Es decir, lo que es un juego inocente de niños, se convierte en manos de adultos menos inocentes y más malintencionados, en múltiples variantes posibles para que el embromado esté siempre en ascuas y tratando de averiguar quién y por qué le está acosando con llamadas, correos electrónicos burlones, jocosos, -siempre claro está con nombres supuestos, e incluso utilizando nombres reales que no corresponden al emisor del mensaje-, y otras variantes más peligrosas como las ya dicha de los videos en internet-, que son la demostración palpable de tanto malnacido que tiene mucho tiempo libre y muy poca vergüenza, además de una vida insatisfactoria, lleno de envidia, frustración y mala baba que tiene que desahogar atacando a otros a los que considera “inocentes” para demostrarse a sí mismos lo listos e inteligentes que son y, por supuesto, a los miembros de su camarilla de supuestos bromistas y miserables ciertos y no supuestos.

Naturalmente, en situaciones así, tanto el/los bromistas como el embromado siempre salen perjudicados,: los primeros cuando reciben las consecuencias de sus acciones en forma de denuncia -si procediera la misma- y el segundo porque recibe un mal trato psicológico inmerecido –estamos hablando de quienes nunca han hecho nada en contra de otros y menos de forma anónima y cobarde-. Después, una vez descubiertos, sólo dicen que todo ha sido una broma “inocente”, pero que no querían ofender ni hacer daño a quien ha recibido semejante canallada que, si no constituye delito y por tanto no puede denunciar tiene que “tragar”, o ciscarse en la madre de todos los “amigos” que “le han hecho reír tanto” y enviarle saludos al padre de tanto malnacido, si es que sabe quién es, cosa que por su propia actitud desmiente.

Decía Jorge Luís Borges que “en el odio y en el amor hay que medirse con iguales”. Por eso, muchos “bromistas” eligen siempre a personas que no son iguales ni en inteligencia, decencia, dignidad e, incluso, valentía, quizás porque este tipo de gentuza siempre se siente atraído por quienes no son como ellos –afortunadamente, para el diferente- y lo ponen a prueba constantemente para así poder rebajarlo a su propia altura, es decir, a la altura de los canallas, ridiculizándolo o vejándolo, porque olvidan que quien es un malnacido lleva siempre el marchamo de origen para su vergüenza, y quien no lo es nunca bajará a la altura de los otros, porque en ello precisamente radica su propia grandeza, esa que envidian los que son capaces de tales acciones, pero siempre de forma anónima, segura para ellos, según piensan los indeseables, y eficaz, según suponen, aunque para ello tengan que traspasar cualquier límite con tal de conseguir sus fines que nunca son, por supuesto, hacerle pasar un buen rato de risas al destinatario de tales cabronadas edulcoradas de broma.


Es que hay que reconocer que hay mucho miserable disfrazado de persona decente de cualquier edad o condición; pero cuando se le cae el disfraz y la máscara queda con el culo al aire –tantos los que cometieron los actos, como los que sabiéndolo lo calla y colaboran aunque sólo sea con el silencio cómplice-, enseñando sus vergüenzas, aunque sean incapaces de sentirla, y tratando de echarse las culpas uno a otros –si es que fueran varios-, porque los cobardes capaces de semejantes canalladas no sacan la cara ni por sus propias madres; las cuales deben de sentir bochorno de haber paridos a semejantes malnacidos, dicho todo esto con todo respeto hacia las madres y ninguno hacia ese tipo de impresentables que.se divierten con burlas, bromas y escarnios que los define más que cualquier otro calificativo que pudieran usarse para catalogar esas conductas de indeseables, de las que no se deben sentir muy orgullosos porque nunca dan la cara por miedo a que se la rompan, a pesar de tenerla tan dura.

Estas vergonzosas situaciones se dan continuamente y los medios de comunicación han facilitado esta siniestra plaga con el supuesto anonimato que otorgan, porque estamos en un país tan dado a reírse del prójimo y no por exceso de humor, sino por falta de respeto, inteligencia, vergüenza y decencia, porque esas virtudes o características sí que son risibles y burlables para quienes carecen de ellas, sobre todo cuando las ven reflejadas en quienes, por eso mismo, son objeto de la burla y la provocación a la que siempre se les llama "bromas", en esa corrupción del lenguaje, el mismo que permite llamarles simples bromistas a quienes son sólo, y sobre todo, unos miserables con alma de canallas y actitudes de rufián.


Y lo peor de todo, es que, a veces, quien así actúa va presumiendo de títulos, honores e ilustración, lo que queda en entredicho a la vista de los hechos que niegan esa supuesta  cultura y hacen aún más patente su mera condición de sinvergüenza, además de imbécil fanfarrón en el que sobra la cobardía y falta la  educación, el respeto al prójimo y la dignidad, cuestiones éstas que a sujetos de esta calaña les suena a chino y por ello aún están aprendiendo el alfabeto, aunque la gramática parda ya la aprendieron hace mucho tiempo. 

A los canallas que actúan de "broma", sólo hay que denunciarlos, cuando sea constitutivo de delito el hecho en sí, o mandar al bromistas y sus colaboradores a tomar por el saco y que le gasten las bromas a sus señoras madres, aunque ya se las gastaron y bastante pesada  cuando parieron a semejantes hijos de puta.